04 marzo 2012

Sed de ti


Mover una burbuja de jabón con la mirada y dirigirla hasta que explote al rozar sus labios... Sí. Ésa es la sensación que de seguro me daría al besar a esa mujer tan bella, de pelo oscuro y caperuza.

No siento lástima por el agua seca de mis ojos, los ríos viven desde siempre y nunca ha dejado de llover, ¿verdad? Pues si no llueve aquí, será que debo ser el desierto más adusto del planeta… después de haber sido un lago infinito de agua y barro me quedé sin nada.

Las raíces quemadas se adhieren a las nubes grises que pasan por mi cabeza, es todo un bucle de fuego y fantasía ya que no son nubes; si no humo. El humo de las fábricas que están quemando mis sueños a cambio de obtener dolor… (Al parecer, últimamente éste se cotiza más caro que el oro).

Lo siento, ya está bien de ser un achaque para otras personas y para mí mismo.

…Tengo que besar a ésa mujer tan enigmática. Vestida de negro y… Sí. Ésa es la sensación que de seguro me daría lo último que me falta; pondrá fin a mi todo.

(Soy tuyo)

23 febrero 2012

¿Y si esto se para?


No pretendo existir mucho más tiempo del que ya no existe, (aun pretendiéndolo).


29 enero 2012

Ser al revés



Al amanecer, la oscuridad se posa en la repisa de la ventana. El viento le trae la calma, a pesar de estar el cristal cerrado y no tener corazón. Quizás ella tampoco escuchaba a su pecho latir… A pesar de que latía.

¿Si no ves el mundo “normal”, es que estás ciega? Si ser ciega le daba ese tono de miel al iris de sus ojos, así lo prefería ella. Una mirada dulce para alguien cuya lengua carece de papilas gustativas. La dulzura es absoluta si se percibe con los 5 sentidos, y no sólo con uno, ¿no?; pensaba ella.

Escribir ya no vale, no hay más. Sentir ya no vale, no hay más. Vivir ya no vale, yo no quepo.

Es ser de otro lugar y vivir aquí. Sentir el calor que los demás sentís pero diferente, percibir la ternura ajena pero de forma diferente. ¿Si amo a la Luna más que a mi vida es que estoy loca?

Su luz… No entiendo porqué ella, a pesar de tenerlo todo en contra, sigue intentando alumbrar la noche. ¿Alguien conoce una fuerza de voluntad más grande que la de la Luna? De mayor quiero ser como ella.

La eterna sensación del sollozo de un mar lejano atado a un susurro de luz, tenue. Atardecer… Creo que vuelo por donde antes otros han andado. La magia existe si esto que soy es real; la realidad existe si lo que me hace ser es magia. El aleteo de un ave que vuela muy alto, tanto, que la fuerza por seguir subiendo le arranca una pequeña pluma que se aleja sin ser vista por su dueño. En el momento en que el viento la mece, sin peso, sin haber sentido más que el vacío, en el instante en que el sol la atraviesa y la hace más nívea de lo que ha sido nunca. Eso. Eso soy, me siento, estoy.

Caigo sin pensar y muero sin saber que estuve viva. El azul inmenso es lo único que me envuelve, ¿sentirán también los demás que la verdadera y más pura piel que nos cubre es el cielo? No sé más de lo que veo y no veo más de lo que sé: Que todo es celeste, que el viento es mi sangre y que el sol es el faro de albor y pasión en éste océano azul de vida que, hasta ahora, me ha rodeado siempre; yo soy todo eso en dos minutos. Pero caigo y me alejo, como los recuerdos de lo que un día fui y no volveré a ser.

Y ahora que estoy en el suelo a punto de morir entre marrón y gris, llorando abrumada por este aire espeso, envenenado; empiezo a entender porqué duele tanto el tiempo.

Es entonces cuando un atisbo de esperanza en forma de remolino me hace recordar: Si aún me queda sangre, ¿por qué no me impulsa de nuevo hacia mi amado azul infinito?

Aprendí que una vez que bajas, subir significa existir.

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10 enero 2012

El Espantapájaros

Mi corazón es sólo un músculo de tela y alambre de espino. Incapaz de sostener una sonrisa por más de un segundo, me resisto a creer que todo ha terminado… Y es que sé que nada ha terminado.

Con la mirada perdida desato mis deportivas y, aun sentado en mi cama, sueño con bajar las escaleras y sentir la alfombra de agua que se extiende por las calles. Son tantas las ganas por volver a percibirlo que, con las prisas, me desgarro la piel por un lateral del pulgar. No hay tiempo. Si quiero llegar a conseguirlo tengo que ser más raudo que el viento que empuja a las nubes; quiero sentirlo.

El tropiezo que supone el intentar deshacerme de unos pantalones ajustados, hace que mi cabeza choque contra la puerta de la habitación. Pero no importa, la sangre no afecta a mi voluntad; ni si quiera el dolor, imperceptible.

Ya sin ropa recuerdo que abrí el portón de la entrada como jamás lo había hecho, queriendo salir, involuntariamente, antes de girar el pomo. Ello supuso otra contusión en el hombro, magullado por el marco de madera. Bajé los escalones de dos en dos, de tres en tres… hasta que dejé de sentir el peso de mi cuerpo sólo en los pies y comencé a sentirlo alrededor de todo el cuerpo. Era casi obvio que a esa velocidad me terminaría precipitando.

Pero qué más daba. Ahí estaban mis ojos, frente a frente de la puerta de cristal opaco que vertía sobre mi rostro brochazos de colores grises, púrpuras y blancos. Entonces un estruendo hizo de mi piel ensangrentada un estallido de emociones ensalzados por una luz que, justo después de irradiarlo absolutamente todo, de la misma manera cubrió con un manto de oscuridad al barrio entero. Si el clamor de una tormenta podía provocar en mí esas sensaciones, ¿qué no podría encontrar afuera?

Las manos me temblaban y el crepitar de mis huesos se entrelazó con un hormigueo que anulaba cualquier movimiento brusco. Fue la única acción pausada: Abrir la puerta.

El iris de mis ojos cubrió casi en su totalidad a las pupilas, tejiendo sobre ellas hebras de un color verdoso que se hacía cada vez más nítido conforme las lágrimas brotaban a más velocidad. Mis pies sobre un prado líquido de gotas que endulzaban el cielo y la brisa, con un sutil aroma a humedad y a tierra mojada, percibiendo cómo una miríada de chispas arropaban a cada uno de mis poros de frío y una percepción de desnudez ante el mundo entero.

Fue entonces cuando me di cuenta de que, todo lo que creía haber sentido, era mentira.

Una cruel realidad que pulía la visión que tenía sobre cada cosa que estaba a mi alrededor, personas, objetos, emociones… Todo falso. Apariencia inexistente de una vida sin vivir: ése era yo, mi lema y lo que había sido desde siempre. Fue en ése preciso momento cuando exploté en mí mismo. Las heridas que tenía alrededor de todo el cuerpo se convirtieron en las puertas hacia mi delirio.

En cada uno de los cortes profundos introduje los dedos y comencé a desgarrar la carne, la piel a tiras salía despedida entre rayos y lluvia, nada sentía, sólo una visión irreal de un charco de agua roja que se iba agrandando a la par que mi sensación de vacío. No paré hasta que dejó de haber músculo y algo amarillento se interpuso entre mis dedos, quedándose pegado a mí como el papel mojado. No sabía qué era aquello, sólo que no me importaba; como todo lo demás.

Por mucho que intentase seguir quitándome aquellas cosas alargadas, no dejaban de salir de mi interior. Entonces, sin pensármelo, corrí lo más lejos que pude.

Alcancé a la tempestad y, mucho más allá de las nubes y de aquellas calles anegadas, continué corriendo hasta que una tierra casi seca me indicó el camino: Unos pastos que brotaban frescos entre una inmensidad, esculpida por el sol dorado; parecían bañados por un mar de luz. Fue donde decidí plantarme.

El sueño ahogaba mi mirada. El sol secaba el poco cuerpo que me quedaba y pronto sentí que no era capaz de sentir. Ni una lágrima, ni una sonrisa, ningún gesto y ninguna emoción. Parecía un muñeco de trapo.

¿Qué es una vida? En verdad nunca lo supe, e imagino que habrán más como yo, en otros prados, preguntándose exactamente lo mismo… Mientras, yo continúo aquí, observando cómo el mundo se mueve a mi alrededor, incontables amaneceres y atardeceres, frío, calor, lluvia, sol, algún que otro animalillo a mis pies y un par de pájaros que ya se han acostumbrado a mi presencia y ya ni si quiera me tienen miedo. 

Será porque piensan que no soy de verdad, que no soy más que un montón de paja en forma de persona.  Y yo me pregunto, ¿habrá alguien que no lo sea?

Hay algo más, algo que con el tiempo me he dado cuenta y que creo que esas aves que se posan en mis brazos cada mañana, deberían empezar a saber: 
Soy humano, a pesar de que mi corazón sea sólo un músculo de tela y alambre de espino.

15 diciembre 2011

Entre luces y sombras


Hay quien dice que sin luz, sólo somos sombras. Pero, ¿las sombras no necesitan de la luz para ser proyectadas? Ni siquiera ellas se escapan a su encanto, a esa magia que hace latente un poema que explota y lo llena todo de realidad, incluso prestándole su servicio a su más absoluta contraria: la oscuridad.

Una vida llena de emociones, atravesada por lágrimas y sonrisas, elevada a lo máximo y rebajada al mínimo, levitando entre el suelo y el cielo en busca de unas alas que puedan hacer que vueles a través de lo que siempre quisiste ser, pidiendo más y más… Hasta que caes derrotado y te das cuenta: ése golpe ha sido tan fuerte porque ya estabas volando.


El error de un beso no es la causa, si no el valor que queramos darle. Al igual que el cielo puede estar debajo si lo miramos del revés, una lágrima se transformará en una sonrisa si le damos la vuelta al pensamiento que hizo que brotase. De ahí que una flor no es flor porque tenga pétalos, es flor porque la tierra, el agua y el sol quieren que lo sea. Por lo tanto, una persona no es bella porque se lo crea -habiendo convencido a unos pocos espejos-, es bella porque su humanidad, su vitalidad y su halo la realzan entre las demás personas, (qué pena que no todos sepan apreciar esto ¿verdad?)

Si alguna vez has sentido algo más que un escalofrío y has percibido que el alma te explotaba en forma de hormigueo por cada uno de los poros de tu piel… si te has dejado llevar y concebir una electricidad líquida que rompe en tu espalda como una ola enfurecida, es porque REALMENTE has sentido la música que escuchabas, REALMENTE has hecho parte de ti a la persona con quien hacías el amor, REALMENTE has vivido aquello que te han contado o te has puesto en la piel de aquel personaje que leías. Realmente, has amado.

¿No te gusta tu vida? Pues apaga la luz y deja que las sombras te muestren que, incluso ellas, viven gracias a algo fundamental para su presencia: se dieron cuenta de que sin su oscuridad, la luz tampoco existiría.

 Cuántas palabras y frases sin sentido…

27 octubre 2011

Cierra los ojos y...



Existe una resistencia a ser el soñado, todos queremos tener nuestra propia realidad y ser los que sueñan. Ser autores de nuestra gran obra. ¿Pero por qué no considerar que la persona a la cual tanto nos apegamos (este nombre y este cuerpo) no es más que el sueño, más que la narrativa de otro ser? De un inmenso diletante que llena el espacio con su  tinta onírica, un pulpo holográfico de infinitos tentáculos, un ser que sólo observa la divinidad en un espejo transparente. Un ser a través del cual te observas.


Las decisiones que tomamos se rigen por aquello que llamamos “casualidades”, y las casualidades manipulan a nuestras decisiones. ¿Condenados a vivir algo que no controlamos? La sombra de lo imaginado se desfigura en una noche eterna de sudores, silencio y un tenue palpitar; la sombra proyectada es la de nuestro cuerpo, y la luz que la hace posible es sólo su sueño.

Dependemos de que no se despierten demasiado pronto. Hay que ser discretos, no gritar en exceso para no romper esa pompa que nos mantiene pululando por su creación. Hay quien se sale del ‘guión’ porque conduce demasiado rápido, o bien porque participa en una guerra, o abusa de las drogas, etc. Esas historias acaban siendo muy escuetas, no hay que gritar más de la cuenta, no sea que la burbuja se rompa y… ¿Quién no ha soñado que se iba a caer por un barranco y antes de estamparse contra el suelo se ha despertado ipso facto? ¿Quizá un pequeño grito al hacerlo debido a su pasmosa realidad? Va a ser que todos somos asesinos si todos soñamos, si todos nos acabamos despertando; tarde o temprano.

Quién sabe a cuántos han matado ya… pero nadie duerme eternamente, debe levantarse y vivir, aunque sea a costa de otra vida. Pienso yo que eso que dicen cuando fallece alguien de que “duerme eternamente”, en realidad quiere decir que por fin esa persona podrá controlar su vida, soñado lo que se le antoje. Y pudiendo elegir… ¿quién volvería a soñar con un lugar tan imperfecto como este planeta? Yo no lo haría.

Vivimos a cuenta de… Estamos en manos de… Somos esclavos de… ¿Qué? No conoceremos jamás a quien nos proyecta, al compositor de nuestra familia, amigos, entorno, sentimientos, situación… No podremos desconectar su despertador ni apagar su móvil, susurrarle una apacible melodía para endulzar su sueño y así mejorar nuestras condiciones, decirle que dependemos de su letargo para continuar existiendo.

En mi humilde opinión, creo que debemos aprovecharnos de su sopor, ser los vampiros que absorben la fantasía del creador para transformarla en la vida que erigimos. La construcción del escenario no es lo importante, si no la función que se dé en él.

Una vez que reconozco que soy el soñado, se me hace más fácil respirar. ¿Nada que hacer? Sólo observar y disfrutar.

06 octubre 2011

La Jaula


Respirar para hacer tiempo, moverse para seguir en el mismo lugar, mirar para ver siempre lo mismo, escuchar sin prestar atención y vivir para morir. No se trata de la vida de un árbol, si no de la vida de una persona del s. XXI.


Es en ése instante, cuando vamos a morir, en el que nos arrepentimos de no haber hecho tantas cosas… y es que, por desgracia, es en el último intervalo en el que nos damos cuenta de que sólo hay una vida; sólo una, para compartir, sentir, disfrutar, aprender, amar… En ése segundo es cuando uno siente el desperdicio de haber poseído una vida a medias.

Ésta es una llamada para todos aquellos que sientan, como yo, que ha llegado el momento de cambiar.

Yo no nací, a mi me indujeron los bancos, igual que a vosotros. Hicieron un “pacto” para que seamos parte de su producción, sujetos que le aporten beneficios con alrededor de 80 años de contribución económica regular. No valemos más que un coche, una casa o un capricho de un político. Deja de sentirte libre, ¿aún no te has dado cuenta? Hemos nacido en una cárcel, la ceguera que se nos ha inducido son los barrotes que no vemos. Ignorancia productiva para nuestro verdadero padre, el Banco, y un voto más en la democracia soñada que nos aporta nuestra madre, la Política. La educación, los telediarios, la medicina, los videojuegos, el fútbol, la ropa que vestimos e incluso el concepto de belleza que tenemos, son nuestros hermanos. Y nos corresponde amarlos como tales, ya que así nos adiestraron sus inventores, es decir, nuestros padres.

No puedo más, siempre he deseado que todo acabase. Hasta hoy, ya que me he dado cuenta de que en realidad deseo que todo empiece.

…Aún estamos a tiempo