07 mayo 2013
01 mayo 2013
Ya comienza a vibrar...
Si
escribir no da dinero, soñar no da dinero, imaginar no da dinero… y sin dinero
no se puede vivir, ¿qué hacer? ¿Soñar con un trabajo? Quizá permanecer aquí
sentado no sea una opción loable.
Los
mejores soñadores pasaron hambre y murieron muy jóvenes; pero vivieron. Más
despiertos. Más que vivos.
Ya
sólo es cuestión de tiempo. Intuyo que está al caer.
…no me falles ahora.
16 abril 2013
Hojas en el viento
No es verdad
que el horizonte sea una línea en un trozo de papel, es un momento robado. El
sonido de la memoria es chapotear con arcos de violín y cuerdas de miel en una
charca, y conjugar un sonido en infinitivas vibraciones verbales.
Si las bocas
de los besos recibidos son estigmas, que me claven en una cruz tallada en ramas
de canela y me hundan clavos de azúcar tostada en los párpados; instaurar la
saliva como religión, evangelizar a través de los labios. Sin palabras ni
pestañas.
Las punzadas
de un silencio tan sutil como un alfiler untado en barniz se cuelan entre las
olas de un atronador océano, el cual siento más soñado que real. Una nota de un
piano mecida entre una gota de vaho se precipita palpitante hasta mi boca… Debe
haber algo extrañamente sagrado en la sal: está en nuestras lágrimas y en el
mar.
La
reiteración de un corazón que bombea mentiras acaba por desangrarse. Supongamos
que el corazón es la mentira y éste da vida a una verdad que fluye, ¿no sería
entonces la presa artificial que restringe a un río libre? Es entre ése témpano
de hormigón oscuro donde se dibuja una cicatriz de luz que dice: “Morirán de
sed la sinceridad y el amor y sólo quedará un desierto al que llamarás
imaginación”.
Ayer moría
de sed. Hoy creo que encontraré agua. Mañana, volveré a imaginar mi libertad.
03 abril 2013
Azúcar y azufre
Sería injusto que fuese descrito como voz. Apenas fue un
tono por encima de una sutil brisa de otoño. Susurros de caramelo y ámbar. Un suspiro
tras otro tejían a diversas velocidades un ovillo de deseo y lujuria, todo se
reducía a deshacerlo y rehacerlo de nuevo, una y otra vez… Hasta que se hilaba
un gran gemido y la aguja se fundía entre dos bocas; un punto y seguido de un
trenzado en donde el tiempo tenía prohibido existir.
El recuerdo de un sabor, un olor o un sonido tienen una
función en el lapso que constituye una vida. Es algo que aprendí aquella noche,
tenemos cinco sentidos; y tres le pertenecen.
Los surcos de unos labios inolvidables se abren paso en
mi mente, rozan su puerta, ésta emite un leve chirrido y… les recibe mi
imaginación. No lo entiendo. ¡Yo antes vivía ahí! Todo fue un error en el sistema
nervioso, una droga, un vicio que ralla lo sobrenatural y que me posee a cada
hora, a cada instante. Los sueños me han robado la vida.
Holograma de azúcar y azufre en donde sólo puedo saborear
su dulzor pero no lo amargo. No percibo dónde empieza la luz y dónde acaba la
oscuridad, aquí dentro todo es de colores. Cielos azules con alas que raptan a
verdes bosques mientras los amarillos de las fuertes corrientes de viento chocan
contra las rocas púrpuras y hacen saltar chispas granates, todo ello cubierto
de unas nubes grises cargadas de lluvia naranja.
La única coincidencia, idéntica a ambos lados de la
puerta, es el color de las nubes.
Hubo un día en que creí que volvía a existir. Miré dentro
de mi alma y, entre un lánguido atardecer, vi un ángel postrado entre una
intensa bruma. Parecía inundar de silencio un grito de luz que retumbaba en mis
labios, haciéndolos vibrar de frío. Fue un beso. Uno de verdad.
Cuando quise mirar a la luz de sus ojos, ya era de noche.
Nunca antes me había dolido soñar, no tener el control de
mi realidad. Recuerdo que pensé que ya no podía sentir más, que ya no podía
temer más. Moría mi alma. Pero sus labios volvieron a mi boca. Creí que iba a
despertar en cualquier momento, después de tanto soñar, aquello no podía ser
real… Sus labios regresaron y yo estaba más despierto que ningún día de mi
vida.
Cuando se gastó la cera, la llama de la vela se apagó.
Cogí el folio en donde había dibujado unos luctuosos labios de colores y lo
besé. Tras acariciar el lomo de mi gato, que se encontraba jugueteando con un
ovillo de lana, ya casi deshecho por sus fauces, salí de aquella habitación. La
esencia de los hilachos quemados y la aromática cera derretida quedó tras de mí,
extinguiéndose poco a poco, como un efímero perfume evaporando una insípida
realidad.
Moriré por siempre.
28 marzo 2013
.
El sentimiento más profundo se revela siempre en el
silencio.
Dejaré de escribir para así no aburrir ni al vacío ni a la
soledad.
(Las teclas son demasiado ruidosas)
11 febrero 2013
Lobo
Cuando nada te mantiene atado, vuelas si no hay gravedad.
Cuando nada te mantiene vivo, mueres si no hay felicidad. El sentir en soledad,
el imaginar castillos anegados de párpados que encierran el ámbar de los espejismos…
Si fuera para siempre…
La oscuridad acecha al lobo, filósofo patrañero, embustero y
rata preconcebida para ser olvidada. Un lobo que aúlla ser diferente ante la
Luna pero que el resto del día es humano. Licantropía como enfermedad, no como
don.
Añorar ser soñado por un desconocido para perderme más entre
un abismo de incertidumbre, abnegación entre sonrisas vacías. No recuerdo la
última vez que fingí ser yo mismo. Se siente crecer la desesperanza de un mundo
interno que comienza a palidecer, morado ya por falta de oxígeno, siento que se
marchita de realidad mientras se hidrata de sed un recuerdo que de agua se
ahoga.
Si fuera para siempre…
15 enero 2013
La vela se consume
Cuando la vela está a punto de
apagarse por falta de la cera, sabe que va a morir, pero también sabe que es su
propia vida en forma de fuego la que la mata.
El vínculo entre el fuego y la
cera es el mismo que tienes tú con tu vida. Si no te arriesgas en tu día a día
y decides arder muy poquito, no darás la suficiente luz ni el suficiente calor
a nadie, tendrás el mismo valor que una piedra y, a más inri, arderás lo
suficiente como para morir igualmente… ya que la cera de la vida no cesa de
derretirse. Es tu vida, tu cirio, tu llama y tu cera, haz lo que quieras con
todo ello, pero, nunca olvides que la cera se sigue deshaciendo.
Mi caso es algo especial… ya que
vivo sin la cuerda que mantiene la llama y… bueno, entre intentos vanos de
encender mi luz me consumo y agonizo, sin saber qué es arder, iluminar o
proporcionar calor.
Lo que más gracia me hace es que
nací con el holgado hilacho untado en cera en mi interior, pero me lo
arrancaron. Creo que fue otra vela, su avaricia y su luz, amén de sus habilidades
aromáticas que hipnotizan a cualquiera, me despojó de mi núcleo vital y se lo
quedó ella. Para alumbrar más supongo... o bien para dar más calor a otros como
yo y mal-utilizar su don para así hacerse con más cuerdas de luz.
Esto me hace reflexionar… Y es
que, creo que aún no se ha dado cuenta de que cuantos más filamentos posea, más
grande será su núcleo de luz, más arderá y, por lo tanto, antes se derretirá.
(Para cuando ella haya sucumbido a la oscuridad, yo aún seré un chiquillo, eso
me alegra o me da pena… Creo que ambas cosas).
Y aquí sigo, entre fogonazos ajenos, muriendo lentamente entre cera negra y hollín; quemaduras convertidas en cicatrices que me enseñan que, a pesar de no brillar ni dar calor propio, hay quien se empeña cada día en proporcionármelo. Es curioso que, a pesar de todo, ellos y ellas sigan confiando y teniendo fe en mí.
Gracias por ser el núcleo invisible de mi vida. Pese a estar vacío en mi interior, sé que mi luz está por todos lados: allá donde os encontréis.
Gracias por ser el núcleo invisible de mi vida. Pese a estar vacío en mi interior, sé que mi luz está por todos lados: allá donde os encontréis.
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