06 enero 2016

Mente de doble filo

Hay que dejar de creerse todo lo que se piensa. La mente es nuestra peor enemiga si no está domada. Como un perro interno que te arrastra hasta su guarida, la mente te utiliza, quiere que le hagas caso y tiene infinitos métodos para hacerlo, es tu sumisión lo que busca, lo que la alimenta; poseer las riendas de tu vida. Dejar de pensar no es la clave para domar la mente, sino saber cuándo y cómo debemos darle uso, dosificar su dominio, permitirle más o menos cuerda, controlarla para que se acabe amoldando a nosotros y no nosotros a ella.

No existe un enemigo peor, más astuto, sigiloso y que sepa mentir tan bien que nosotros mismos. Es un alter ego misántropo que manifiesta aversión a la luz que emanamos y nos somete para alejarla de nuestro día a día.

Con todo tipo de tácticas para destruir nuestra capacidad de Ser, la mente nos corroe de dentro a fuera. Nos desnuda con inquietudes internas que sólo conocemos nosotros (por eso es nuestra más vil enemiga) y nos despoja de la protección emocional como si de pensamientos carnívoros se tratara.

La mente es una herramienta más, no somos nosotros. Esa es la clave.

Es muy costoso domar algo que ha sido salvaje durante tanto tiempo, pero VIVIR dependerá de ello. El pensamiento habita en el pasado y el futuro, pero no existe en el ahora

El miedo es su mejor arma, nos lo induce y con él desgarra nuestro Ser. Hay heridas que cuestan mucho sanar, y las causadas por el miedo que crea nuestra mente producen un dolor sordo que nos atormenta por dentro, (ansiedad, preocupación, pensamientos arbitrarios, inquietudes, etc.) impidiendo vivir en plenitud. Es el perro que ataca a su amo porque quiere ocupar su lugar.

 “La lucha no es contra el mundo, la lucha es contra mi Yo que ve la lucha como una opción”. Esta frase la soñé hace un tiempo. En el sueño luchaba contra una sombra que aniquilaba y oscurecía todo aquello que amaba. Esa sombra era yo mismo, mi alter ego; y creo que es la frase perfecta para poner punto y final a esta divagación.



22 junio 2015

Solsticio purificador

He sentido que la vida se me escapaba ante unas palpitaciones galopantes, sudores, entumecimiento de las extremidades, mareos, asfixia y una extraña sensación de irrealidad y de que todo era el fin. Todo eso, bañado con un sutil chorro de creer que me estaba volviendo loco.

En efecto, se trata de un ataque de ansiedad en toda regla. Jamás lo había sentido, pero el terror que viví no se lo desearía ni a mi peor enemigo.


Han pasado unos días desde que me hicieron toda clase de pruebas en el hospital para descartar que se tratara de algún mal de origen cardíaco. Todo mi sistema circulatorio “está perfecto”. El corazón “funciona correctamente” y la razón de la tremenda taquicardia (hasta 170 pulsaciones por minuto) fue por un medicamento para la alergia que me estaba tomando y que, al parecer, me hizo una mala reacción.

El problema de los ataques de ansiedad es que le tienes miedo al miedo, es decir, miedo a que te vuelva a suceder eso que tanto miedo te dio. Permaneces mucho más atento a tus pulsaciones, a tus energías, a si te falta o no el aire, los nervios se te van al estómago, éste se te cierra, apenas puedes comer y te sienta mal la comida; y de nuevo vuelta a empezar. A veces consciente y otras inconscientemente, dejas de ser tú mismo. Cambias toda tu vida por el miedo. Tu forma en que veías y vivías las cosas se desvanece como un bosque ante un alud.

Ahora viene la parte positiva de todo esto, (¿cómo va a haber una parte positiva de este horror? Pues sí, la hay).

Las personas que están a tu lado, las que de verdad te quieren y se preocupan por ti, se convierten en luces que, como una persiana subida ante un amanecer, van traspasando tus párpados cerrados poco a poco, sutilmente… y van enseñándote a respirar de nuevo, a vivir como antes del incidente. Despiertan al Yo que está acurrucado en la esquina de una habitación de la mente más profunda, atemorizado de que se reproduzcan los síntomas.

Luces que llaman a otras luces, que te aconsejan, que ven más allá, que toman iniciativas promovidas por la estima que te tienen… Y poco a poco consiguen que vaya saliendo de este pozo al que jamás hubiera pensado que yo podría caer.

La sensación más reconfortante, donde más cerca estuve de salir del funesto pozo, fue en una playa apacible. Escuchar las olas del mar, sentir el sol en plena renovación: justo cuando cruzaba el ecuador del solsticio de verano (a las 18:38 horas del 21-06-2015). Eso me renovó a mí también. Todos mis sentidos se diluyeron, me dejé llevar… Entré al mar poco a poco, notando cómo las olas desprendían de mi ser el fango que me aprisionaba el tórax, estómago y mente. Arrojé con fuerza la oscuridad para que se ahogara en el mismo mar en el que yo me estaba purificando.

Me ayudaste a renacer. Cada escalofrío curativo que producía el Sol en mi piel al secarla con su calor, me recordó que tú eras quien estaba a mi lado. Un filtro solar que mejoraba lo inmejorable; y me mejoraste a mí.

Gracias por alumbrar mi miedo. Sin tu ayuda, todavía estaría en lo más profundo, embutido en una ansiedad opresiva, asustado y desalentado. Eres mi esperanza; luz.

04 septiembre 2013

La última señal

Nacer para dar un valor a la mierda y ser felices hablando de ella todo el día, deseándola, riendo con ella… La gente parece ser feliz con cosas que no importan una mierda.

No puede ser que yo me vea apocado a darle también un valor a las heces para ser feliz, dando gracias cada día por haber nacido en un vertedero. Nacemos, la sociedad nos regala una pinza para la nariz y cuando te vas haciendo mayor, decides regalarle el tiempo de tu felicidad a una hez que no es más que un pedazo de algo material y superfluo, (un coche, una consola, el fútbol, unas pesas...) ¡la que tú elijas! Qué felicidad…

En cambio, hay otras personas que son luces, que brillan con luz propia, que parecen volar por encima de este colosal vertedero, más allá de las nubes, donde no llega el mal olor. Parece que sean de otro planeta… Ellas son la esperanza, la Razón de un mundo gobernado por la sinrazón. Son un hilo plateado muy finito, la única y última conexión con lo divino, con lo que está más allá, con la verdadera VIDA. Es otro nivel. La distancia entre estos “ángeles” sin alas y las demás personas coprofágicas [coprofagia: del griego, copros (heces) y phagein (comer)] es abismal. Unas merecen la extinción total, otras la adoración imperecedera.

Y yo. Yo estoy justo en medio. En el ecuador de dos mundos en uno.

Oliendo a mierda y a la vez viendo de cerca a algunos ángeles volar… dándome envidia. Miro a un lado y sólo hay mierda; miro al otro y observo una miríada de tonalidades blancas y azules que causan en mi corazón un alud de emociones místicas.

Ahora comprendo que no hay peor infierno que estar en medio de dos mundos sin poder tocar ninguno. Pero, poco a poco, también entendí que en realidad todos pueden ser ángeles si lo desean, todos pueden volar si miran al cielo y se dejan embaucar de dentro hacia afuera por su azulada y singular atracción. Todos tienen la capacidad de ser inmortales, de alumbrar, de ser un faro de luz y guiar a otros… Pero en verdad están enamorados de la peste a mierda, y si se encuentran a gusto así. ¿Para qué cambiar? Se encuentran bien oliendo a mierda, eso es todo.

Pasan los años, los segundos se perciben infinitos… Y sigo inmóvil. Inalterable. Un ser extrañamente compuesto de plumas y heces que ya se ha secado y fosilizado. Una piedra.

Espero al tiempo, a que no tarde mucho en ver mi inutilidad, a que me arroje al mar de fuego construido para eliminar desechos inservibles como yo. El tiempo malgastado en darme vida será olvidado y recompensado. A aquellas personas que soportaron la cruz de tratarme vivo, a todas aquellas que me conocieron; el destino les brindará un porvenir glorioso.

A pesar de todo, (y ante el empeño de que hay que ver la vida de forma positiva) al menos hay algo de mí que sí os servirá: dejar de ser.


26 julio 2013

12:33

En un atisbo de esperanza, he comenzado a creer que si la vida es una gran sorpresa, la muerte podría albergar una mucho mayor.

El molino, que antes mecía sus aspas sutilmente para sacarle el alma al grano de trigo, ahora mueve sus cruces de madera a la velocidad de un huracán, sin distinguir mijo, harina o personas. Todo se lo lleva. Todo sale muerto desde el día que decidieron hacer de mi molino un matadero de seres humanos.

Desde que vinieron con aquellos barcos, con sus vestimentas raras y esa araña de madera con la que decían que debíamos “confesar nuestra herejía”, no he podido evitar preguntarme si realmente saben lo que significa ser hereje. Hipócritas.

Aunque poco a poco, me cuesta más trabajo pensar… No sé cuánto tiempo llevo aquí encerrado.

Quizá, si supiese volar, esto no habría pasado. Volar supone no tener que posarse sobre sentimientos que duelan, noticias que emborronen la existencia; evidencias que, sabiendo volar, mantendría lo suficientemente lejos como para no recordarlas. Pero por mucho que el olvido me haya arrojado al vacío, donde no hay nada más que muerte sin tiempo fijo, los ecos de luz en forma de rayo solar me alcanzan a las 12:33 de cada mañana, y, por un minúsculo agujero, por tan sólo un minuto al día, me quemo en el tiempo y me arrojo a morir entre su fulgor. ¿Cómo es posible tener los ojos cerrados si los párpados se han evaporado por el calor de los sueños?

A las 12:33 irradié el aroma de mi muerte, me dejé ir. Mi destino era el Sol (mi Dios) y éste me mostró su forma de ver y comprender la existencia.

Él me enseñó que el sudor de la noche no es más que el rocío de la mañana, un esfuerzo por salir el Sol, una carrera milenaria por abrazar a la Luna. “La sangre es de luz cuando el amor es infinito”, me dijo. Rayos rojizos de cobre y rubíes amanecen alabando la voluntad de un gesto que llena de vida todo lo que antes sólo era oscuridad.

¿Qué haces para no quemarte de odio y rencor entre la maldad que exhibimos nosotros los humanos? –le pregunté.

Utilizando su lenguaje, donde su léxico lo forman lienzos de luz y susurros de calor, Él me respondió: “Yo sí creo en ti. Creo en todos vosotros. La fe hacia el amor es la insurrección continua de mi albor y vehemencia. A la protección que os entrego, allí la llamáis de otra forma; esperanza”.

Capaz fui de escapar y vivir; pero hubiese sido incapaz de olvidarla. Hubo un mundo que, hace muchos años soñé una noche mientras dormía abrazado a ella, ya casi no lo recordaba… Había océanos en el cielo, las nubes no estaban, en su lugar se esparcían playas de arena, más clara, más oscura… Recuerdo que llovía dientes de león con olor a mar. La tierra era de azúcar tostada que tibia se dejaba sentir en mis pies descalzos. Y cuando quise encontrar el cielo, que pensé que por alguna parte debía de estar en aquel mundo de ensueño, hubo un gran terremoto con doble epicentro, tan fuerte, que concentró el azul infinito de nuestra bóveda celeste en dos grandes ojos.

Me miraba. Era ella. Su piel se teñía de luz y me sonreía aquello que el Sol me dijo: esperanza. Sus pupilas albergaban un sistema binario estelar compuesto de eternidad y amor, éste último, en un estado de pureza que jamás pensé que podría llegar a sentir.

Fue la primera y última vez que lo comprendí todo: Somos un poema sin rima, una canción sin música, un beso sin labios. Somos lo que nunca hemos vivido, somos aquello que soñamos.



12 julio 2013

Piélago de luz

Un cambio. Un camino a la nada. Una nueva forma de sentir…

Con susurros de vidas pasadas, voces presentes y bramidos del futuro.

No sólo se percibe la magia a través de los ojos, de hecho,

07 junio 2013

Conversación con un ser de luz


– Es curiosa la foto 

– :)

– Pq el cielo q se ve reflejado en el charco es más claro q el de verdad

– Y qué te lleva a pensar ése capricho de la naturaleza?

– Aish, pues no sé. Quizá q cada uno es responsable de cómo ve las cosas, q tenemos poder para hacer de una cosa no bonita una bonita.
Tú q piensas?

– Que llevas toda la razón. El agua podría considerarse como el cristalino del ojo, por el cual todos miramos y está compuesto casi por un 80% de agua. La realidad es muy dura, áspera... pero se nos ha dotado de la magia y el poder de convertirla en terciopelo, de hacer que nuestra forma de mirar las cosas lo cambie todo. Nosotros somos la parte distorsionada de una realidad insoportable. Rozando la imaginación, rozando la realidad... Nos difuminamos entre colores que en realidad no existen y texturas que sólo están en nuestra mente. Ahora bien, yo voy un paso más allá y planteo el amor... a éste, quien le da la forma es el alma... Que no es agua ni es realidad, es, simplemente, la única verdad. Lo importante. Lo que nunca muere.

– Vaya… creo que deberías escribir eso y dejar constancia de ello

– Tú eres mi musa, el filtro de un lenguaje que pasa por ti y es escrito con amor.
Gracias

06 junio 2013

Espejo irreal


La historia de un grito puede ser corta, larga, desgarrada... Pero la angustia, como Sancho a Don Quijote, es la que le proporciona la cordura. Conceder alma a un aullido, a un lobo que sin voz, aúlla a la Luna reflejada en un lago sin agua.

La quietud del alma se da ante una vida insulsa, en donde la única duda se tropieza con qué comer y cuándo dormir…

Pienso, después de haber leído que “tenemos aproximadamente los ojos cerrados la mitad de nuestra vida”, que sólo merece la pena vivir una de las dos partes. La que no hablas, ni molestas, ni sientes dolor, ni consumes, ni casi existes… sólo de párpados hacia adentro. Soñar es el dolor que cura, la realidad pintada, el principio borroso con final fluctuante.

Cuando salen las lágrimas calientes es porque ya has vivido bastante en este infierno. Las llamas te han azotado lo suficiente como para brotar ceniza de tus ojos y decides que ya está bien; ya está bien…

El miedo de vivir nos empequeñece, el miedo a sentir nos congela, el miedo… El miedo inhibe la duda, y yo hay noches que no dudo de nada.

Sólo somos una coma en una historia que no tiene principio ni fin.